Parejas: HeeMin
Tipo: Boys Love :)
Género: Romántico lemonsoso
Clasificación: NC-17 (sí, no creo que sea tan más de eso)
Sweet Thing
Lee Sungmin era un chico tierno y amable, dispuesto a ayudar
a cualquiera y con una bella sonrisa que iluminaba todo el lugar donde estaba. Poseía
unos preciosos ojos de color chocolate que destellaban como el sol.
Sungmin era estudiante de primer año en el conservatorio de
música más prestigioso de Seúl, desde muy pequeño su vena artística se había
dejado notar, mostrando gran interés en la música, aprendiendo prontamente a
tocar el piano. A la tierna edad de 7 años podría interpretar con gran maestría
las obras de Beethoven y Chopan. Además era el dueño una preciosa y melodiosa
voz, que encantaba a todo oído que lo escuchaba, podía interpretar las melodías
con tal dulzura que derretía el corazón de cualquiera.
Al poco tiempo de iniciadas las clases la mayoría de los
alumnos conocían a ese pequeño chico que adoraba lucir su ropa en colores
rosados y traer una paleta de caramelo sabor fresa entre sus bonitos labios en
forma de corazón. Las chicas no paraban de acercarse; aunque solo unas pocos
coqueteaban con él y la mitad de los
chicos lo veían con cierta envidia por su poder de atracción hacía la féminas y
la otra mitad se debatían entre pedirle una cita.
Sungmin apenas era consciente de todo esto, su alma pura e
inocente se dedicaba enteramente a lo que más le gustaba, tocar el piano,
mejorar con la guitarra y tener una excelente desempeño vocal, por eso mismo
fue que tampoco fue consciente de unos felinos ojos que lo observaron desde el
primer momento en que puso un pie en el campus.
Kim Heechul era un estudiante de 7° semestre, el mejor de
todos tocando la batería, algo que a muchos sorprendía pues su apariencia un
tanto extravagante y a veces hasta femenina no pegaba mucho con los chicos
roqueros que adoran las baterías y los sonidos estridentes del género rock.
Pero así era Heechul, tan impredecible, un enigma que muchos intentaban
resolver fracasando rotundamente en él intento.
Y es que como no querer estar cerca, Heechul era un potente
imán que atraía absolutamente todo a su paso, su delicado rostro, su negro y
ondeante cabello y el cuerpo perfecto lo convertían en la persona más deseada
dentro del conservatorio, algo de lo que él estaba muy consciente y aprovechaba
para sacar ventaja en todas las situaciones que se le presentaban. Bastaba con
que señalara algo y lo tenía, con que dijera en voz alta un pequeño capricho y
alguien lo cumplía, sus profesores se
maravillaban con el talento que poseía, creando música como si fuera tan
sencillo como respirar y por eso siempre se ganaba el lugar de favorito que ni
siquiera su irreverencia parecía una molestia.
Sus días en la escuela eran días gloriosos, siendo popular,
siendo inteligente, siendo querido y respetado y entonces lo conoció.
En cuanto vio esos dulces ojos y escuchó esas vocecita tan
tierna, supo que nunca había deseado algo con tanta intensidad como a ese chico
de negros cabellos y como Kim Heechul siempre consigue lo que quiere desde ese
momento nunca dejó de observarlo y maravillarse con cada cosa nueva que
descubría en sobre él, haciendo que las ganas de poseerlo por completo se incrementaran cada día. Ansiaba arrebatarle
toda la inocencia que brotaba por cada parte de su cuerpo y ver ese rostro
transformado por el placer al hacerlo completamente suyo y lo conseguiría a
cualquier costo.
Y su gran oportunidad llegó con la primera fiesta que
celebrarían en el conservatorio. A pesar de que hacía 2 meses que las clases
habían iniciado, era considerada la fiesta de bienvenida para los nuevos
alumnos.
Ese día Heechul vestía un impecable pantalón de lino negro
ajustado a sus piernas, suecos azules y una camisa rosa que lo hacía lucir tan
elegante y distinguido como los mejores modelos de las pasarelas parisinas. Era
todo un espectáculo a la vista y robaba miradas de cada persona reunida en ese
auditorio. Durante algunos minutos se dedicó a buscar a la personita que había
sido el protagonista de sus fantasías hasta que lo encontró cerca de la mesa de
comida, conversando alegremente con un chico de castaños cabellos que bien
sabía se llamaba Kyuhyun y era poseedor de una de las mejores voces entre los
estudiantes.
Argumentando que tenía hambre se movió hasta la mesa
quedando muy cerca de ambos muchachos para poder escuchar un poco de su
plática.
—Y entonces
llegó Yesung hyung, dejó una tortuga encima del piano que tocaba Ryeowook e
interpretó una melodía que hizo que todo el mundo enmudeciera – el chico
llamado Kyuhyun tenía una sonrisa traviesa mientras contaba la historia – y al
terminar, agarró su tortuga y salió caminando mientras le hablaba, fue tan
extraño – finalizó mientras se llevaba un bocado de su plato a la boca.
Una risilla escapó de los labios de Sungmin. Heechul observó
que tenía los ojos resplandecientes observando a Kyuhyun y el otro le devolvía
una mirada un tanto más perversa, tenía todo el deseo pintado en esas
brillantes pupilas
— Creo que
Yesung sunbae de verdad adora a su tortuga — dijo Sungmin
tomando algo de su pastel de fresa.
— No tienes ni
idea Sungmin — Kyuhyun dio un paso hacia él y tomó entre sus
dedos un mechón de cabello —
cuando a uno le gusta algo hace todo por tenerlo cerca.
— ¡Kyuhyun-ah!
— Heechul al ver las intensiones del castaño se
acercó palmeándole la espalda —
tanto tiempo sin verte ¿estás
disfrutando la fiesta? Ya lo creo que sí, yo lo hago ¿y tú quién eres? — preguntó a Sungmin a pesar de que sabía con
exactitud quien era.
— ¡Ah! Lee
Sungmin, soy de primer año.
—Mucho gusto
Sungmin — respondió
Heechul con una encantadora sonrisa —
Kyuhyun-ah ¿por qué no vas por ahí a conseguirnos algo de beber? Yo aquí me
quedo cuidando a Sungmin.
— ¿Y por qué
no vas tú y te consigues tu propia bebida? Sungmin y yo estamos conversando — replicó el otro con un tono
bastante maleducado.
— Seguro que
ya habrá tiempo para hablar de Yesung y su boba tortuga, ahora ve y haz lo que
tu hyung te dice.
Las filosas miradas de ambos jóvenes asustaron un poco a
Sungmin por lo cual Kyuhyun decidió que sería mejor hacerle caso, dejándolos para
ir a conseguir algo para beber. Heechul rápidamente tecleó algo en su celular
antes de volver a hablarle al pelinegro.
—Y dime Sungmin ¿te
gusta la escuela?
—Sí, desde pequeño
fue mi sueño poder estar aquí. Me gustan mucho las clases y los maestros. Mis
compañeros son muy amables conmigo y me ayudan, las chicas en particular
siempre me regalan dulces — decía
mientras daba saltitos de felicidad, cuando de pronto recordó algo – tú no me
dijiste cómo te llamas — dijo con una cálida sonrisa.
— Soy Kim Heechul,
estoy en 7° semestre.
—Mucho gusto en
conocerte Heechul sunbae — y la sonrisa se acrecentó.
—Oye ya que parece
que Kyuhyun se encontró algo más que hacer — señaló hacía un punto del
auditorio donde el nombrado era rodeado por varias chicas — ¿Qué te parece si
tú y yo vamos a conseguirnos algo de beber?
Sungmin miró con algo
de decepción a su anterior acompañante, Kyuhyun había sido de las primeras
personas en presentarse con él y le inspiraba confianza, además de haberlo
convencido de ir a la fiesta, por lo que creyó que estarían todo el tiempo
juntos.
Bueno él debe estar con otras personas
también, pensó siguiendo los
pasos de Heechul, así él se daría tiempo para conocer más gente.
—Heechul sunbae ¿cuál
es tu especialidad? — preguntó recibiendo la copa de vino tinto que el mayo le
pasaba.
—Batería y canto
principalmente, toco un poco el piano, la guitarra y el bajo. También he
escrito algunas canciones, soy guapo, elegante y conozco de moda. Todo un
estuche de monerías ¿no crees?
Sungmin lo observó
componer una sonrisa satisfecha. Debía admitir que era bastante bien parecido,
realmente hermoso y le causó un poco de gracia como se expresaba de él mismo y
rió dando un trago a su bebida.
—Este vino está muy
bueno, es de mis bebidas favoritas. He estado tratando de aprender sobre vinos,
mi abuelo me enseñaba un poco cuando tenía más tiempo de ir a visitarlo — giró
su copa, removiendo el líquido, para luego acercarla a sus labios y vaciar todo
el contenido, lo cual le dio una idea a Heechul y sus ojos destellaron de
maldad.
— ¿Quieres más? —
Ofreció al pequeño de una de las botellas puestas sobre la mesa.
Sungmin feliz, acercó
su copa y dejó que Heechul la llenara, oliendo el delicioso aroma antes de
vaciarla de nuevo de un solo trago, beber vino era una de las cosas que más le
gustaba y ese era en verdad sabroso.
—Vamos Sungmin toma
más — Heechul se le acercó sirviéndole otro tanto en su copa — verás como
disfrutas más la fiesta si sigues bebiendo algo que te gusta tanto — susurró
muy cerca de su oído y al separarse para dejar que el más pequeño tomara
observó cómo sus mejillas se llenaban de un exquisito rubor, provocando que sus
deseos se volvieran más urgentes, dentro de poco ya no podría reprimirse más y
atacaría cual tigre asechando a su presa.
Sungmin no supo cómo
pasó, pero de pronto se encontró en medio de la pista de baile, moviéndose con
total libertad, disfrutando de la música que inundaba sus oídos y del calorcito
que la persona que rodeaba su cintura le brindaba y dejando de lado todo
pensamiento colocó sus manos en el pecho de la persona frente a él.
Heechul no podía
estar más feliz. Ese olor que emanaba de los sedosos cabellos de Sungmin lo
estaba enloqueciendo y cuando sintió las pequeñas manos en su pecho supo que
era el momento de hacer otro movimiento. Lentamente se fue caminando hacia un
lugar apartado y solitario del auditorio, donde las luces multicolores poco
iluminaban. Sungmin se recargaba ahora completamente sobre él y dejaba escapar
risitas armoniosas sin motivo y se sujetaba más para no tambalearse tanto.
En ese momento en que
Sungmin se movió un poco bruscamente enterrando la cara en el blanquecino
cuello de Heechul y éste sintió su aliento chocando contra la piel, sus
sentidos despertaron, moviendo las manos para posarlas por debajo de la playera
que vestía el pequeño y por fin poder tocar la suave piel de su abdomen.
Sungmin dio un
respingo al sentir las frías manos haciendo contacto.
—Sunbae… ¡ah! Sunbae
me siento mareado — dijo buscando la mirada de Heechul.
Y esas mejillas, los
ojos tiernos y los labios entreabiertos exhalando
su tibio aliento terminaron con el control que Heechul había estado teniendo
desde que se le acercó y tomó con fuerza esos labios aprovechando que estaban
abiertos para meter su lengua y poder saborear cada rincón aferrando con más
fuerza la estrecha cintura cuando sintió que Sungmin correspondía a su
apasionado beso.
Luego de que
terminara y sintiera como Sungmin prácticamente se deshacía en sus brazos,
observando nuevamente sus labios ahora más rojos, lo tomó de la mano y lo
arrastró hacía la salida.
—Vámonos de aquí, es
hora de hacerte mío.
Sungmin no replicó y
solo se dedicó a seguir el pasó rápido del mayor, su cuerpo se sentía ligero y
su mente estaba libre de todo raciocinio, hacía caso solo a sus instintos más
primarios y las manos de Heechul se
sentían tan bien que quería seguir con eso un poco más, no importando a donde
lo llevara.
Media hora después
varias prendas adornaban el alfombrado piso de la habitación de Heechul y dos
cuerpos se tocaban y reconocían sobre la cama. Heechul descubrió con agrado lo
buen besador que era Sungmin, entrelazaban sus lenguas con tal pasión que era
difícil distinguir la de cada uno, sus pequeñas manos daban caricias tan
hábiles a la piel del mayor que todas sus terminaciones nerviosas eran
estimuladas.
Heechul por su parte
engullía los pezones rosados que se erguían cada vez más con cada roce de su
lengua, recorriendo su espalda con la punta de sus dedos, tratando de ser
delicado aunque no era su estilo y sintió su deseo crecer de nuevo al descubrir
el tatuaje que Sungmin lucía en la parte baja de su espalda.
—Quien iba a creer
que tendrías algo tan sexy aquí Minnie. Me excita — susurró con la voz cargada de erotismo
mientras mordisqueaba su quijada
De pronto el cuerpo
entre sus brazos languideció haciendo que Heechul levantara una ceja y soltara
una maldición al observar como su pequeño se encontraba plácidamente dormido.
No fue algo que se esperara ahora que estaba tan “animado” pero lejos de
molestarse una sonrisa burlona se instaló en sus labios.
—Te comeré poco a
poco Sungmin. Esto no se quedará así, pronto te tendré de rodillas ante mí,
dándome todo el placer del que hoy me privas.
.-.-.-.-.-.-.
A la mañana siguiente
un menudo cuerpo se removía entre una montaña de suaves cobijas. Desorientado
Sungmin abrió lentamente los ojos, enfocando el lugar donde se encontraba y
parándose de un salto aventando las sabanas al piso y descubriendo su torso
desnudo. Su cabeza dio una punzada al tratar de recordar porque se encontraba
en un lugar que no conocía.
Comenzó por recorrer
el lugar, observando una habitación bien iluminada, las cortinas azules estaban
anudadas a un lado de los grandes ventanales por donde se filtraba la luz
solar. Las paredes estaban pintadas de un verde vivo y tenía bambús pintados en
color negro y blanco que hacían un contraste perfecto entre los colores y le
daban aun más vida al lugar. Un enorme closet cubría casi por completo una de
las paredes, en la otra un espejo de cuerpo completo y dos puertas de las
cuales suponía una era el baño.
Y no se equivocó
cuando vio a Heechul salir con una toalla secando su cabello. Tenía también el
torso desnudo y solo un ligero pantalón color gris lo cubría de la cintura para
abajo.
—Yo… esto… Heechul
sunbae ¿qué sucedió? — preguntó sintiendo como sus mejillas ardían.
Heechul caminó
sentándose en la cama a su lado y dirigiendo uno de sus fríos dedos al dibujo
en la piel del otro y lo delineó haciendo que se estremeciera ante la
sensación, era como si su piel se incendiara a pesar de que el tacto era
glaciar.
—Aún nada, pero no
dudes que tarde o temprano sucederá — se
acercó para juntar sus labios superficialmente — debo salir, vete cuando
quieras y no te olvides de cerrar. Nos veremos en el conservatorio.
Y salió llevando en
la mano su ropa limpia, dejando a un perplejo Sungmin con la mirada clavada por
la puerta donde había desaparecido su cuerpo.
Cuando Sungmin se
supo completamente solo se llevó las manos a la cabeza.
¿Qué había hecho?
Aún se encontraba muy
confundido y las imágenes que llegaban a su cabeza no le decían nada, pues solo
recordaba estar en la fiesta bebiendo con su sunbae. Forzándose un poco más
llegaron recuerdos de unos labios acariciando los suyos con tanta pasión que
una sensación de vértigo se instaló en su estómago y automáticamente se llevó
uno de sus dedos a sus labios.
Sí, se había besado
con el sunbae que recién conoció ese día y lo había disfrutado.
Ahora que se estaba
rumbo a su casa y todo lo sucedido la noche anterior se encontraba más claro en
su mente, recordó también las caricias compartidas y como estuvo dispuesto a
entregarse a un persona prácticamente desconocida. Pero recordó también como un
líquido calientito le recorrió cada parte de su cuerpo cuando vio por primera
vez a Heechul, algo dentro de él se había removido y cuando sus ojos se miraron
sintió como si una bomba de colores le explotara por dentro.
Nunca en toda su vida
le había pasado algo como eso, aún cuando todas las personas eran amables con
él, ni uno solo había logrado despertar en él tantas sensaciones como ese
sunbae en una sola noche. Y si bien estuvo borracho durante algún tiempo, el
roce de labios que le regaló en la mañana le hizo creer que no fue nada más una
sensación provocada por el alcohol en su sangre.
.-.-.-.-.-.-.
Y después de eso, se
encontró en una especie de relación pasional con su sunbae. Cuando se veían las
chispas saltaban, las miradas que se dirigían eran tan intensas que las
personas alrededor podían notarlo. Aprovechaban cada oportunidad que tenían
para encerrarse en un aula desocupada, en el baño o en los jardines mientras
nadie los viera para poder comerse a besos y regalarse caricias prohibidas,
deteniéndose apenas con la respiración entrecortada. Había veces en las que él
no deseaba parar, pero Heechul simplemente componía su sonrisa traviesa y lo
dejaba argumentando que ya tendrían tiempo después.
Sungmin mentiría si
no dijera que estar en esa situación no le era un poco incómodo. El siempre
había sido un chico muy correcto en todo lo que hacía y ahora no solo se besaba
y tocaba con alguien que no era su pareja, sino que también era un hombre. Pero
sus momentos de arrepentimiento eran fácilmente opacados por las veces que
tenía a su sunbae succionando su cuello y tocándolo su pecho.
Le encantaba también
cómo parecía tener cierta obsesión por su tatuaje, sus manos siempre se
paseaban acariciando el contorno.
— ¿Cómo fue que te
hiciste esto? — preguntó siendo incapaz de detener su curiosidad.
—Hubo un momento en
que sentí la necesidad de expresarme de esta manera, el símbolo y las letras
ahí escritas representan una parte muy importante de mi vida y quise que
quedara para siempre grabada en mi piel — contestó antes de volver a devorar
sus labios.
El tema había quedado
en esas simples palabras y Heechul se apresuró a corresponder sus besos con
empeño.
.-.-.-.-.-.-.
Poco tiempo después
el deseo de Heechul alcanzó niveles insospechados que cada vez le era más
difícil detenerse, aunque al principio él mismo se había obligado a parar para
disfrutar de Sungmin con toda calma, ahora eso le parecía la idea más estúpida
que jamás hubiera tenido. Ya no quería esperar más tiempo para poder poseer ese
cuerpo que debió haber sido suyo desde el primer momento en que correspondió a
sus besos teniendo plena consciencia de lo que hacía.
Por eso fue que le
hizo la propuesta, así directa y sin más palabras que “ven a mi casa este
viernes”. Un viernes que recordaría para toda la vida como el día en que
conoció lo que de verdad era el placer.
Apenas abrió la
puerta y vio a Sungmin ahí de pie, lo jaló de la playera para disfrutar de sus
dulces labios. Llegaron a trompicones al sofá pues ninguno de los dos quería
despegar sus labios de los del otro y pronto sus manos encontraron su camino
hacia las zonas sensibles que habían descubierto a lo largo de sus furtivos
encuentros.
Heechul encontró la
manera de separarse de esos labios, para hacerle a entender a Sungmin lo
deseaba, lo miró directamente a los ojos, le tomo una mano y la colocó sobre su
entrepierna por encima de la tela que lo cubría. Sungmin abrió grandes los ojos
y sus mejillas se colorearon al sentir el lugar que ahora tocaban.
— Ponte de rodillas y
hazlo — la orden salió claramente de los labios de Heechul y aunque Sungmin lo
dudo un poco, luego de observar un poco más la mirada ansiosa en los ojos del
más alto, poco a poco se agachó.
Con algo más de rubor
en su cara, acarició un poco la zona por sobre el pantalón hasta que sus manos
temblorosas abrieron los botones y bajaron un poco la tela que cubría la piel.
El ávido miembro de Heechul se asomó y entonces supo exactamente que debía
hacer.
Con mucho cuidado
dirigió su boca para dejar un pequeño beso en la punta, recorriendo después
toda la extensión con cortos besos, mientras sus manos bajaban un poco más los
pantalones y la ropa interior, descubriendo cada vez más porción de piel. Y
entonces abrió su boca dejando que su
aliento acariciara primero, maravillándose con el jadeo que escapó de la boca
de Heechul, por lo que prosiguió a introducirlo poco a poco, disfrutando de ese
saborcito tan especial, chupándolo después como lo hacía con las paletas de
caramelo que tanto le gustaban.
Heechul veía esos preciosos labios de corazón acariciando su
caliente piel íntima, palpitando por la gran excitación que le causaba esa
húmeda boquita rodeando su falo, endureciéndolo más, llevándolo al límite del
placer, estremeciendo cada célula de su cuerpo, eso era muchísimo mejor de lo
que había imaginado
Unas manos se
enredaron en los cabellos de Sungmin haciendo que tomara un ritmo cada vez más
rápido, desquiciando a Heechul que no atinaba más que a suspirar y jadear por
el placer que esa boquita le estaba brindando, llegando rápidamente a un
orgasmo tan intenso que explotó en la boca del más joven quien gustoso lo tomó
todo antes de ponerse nuevamente de pie y juntar sus labios en un nuevo y
anhelante beso.
Cuando se hubo
recuperado un poco, Heechul se deshizo rápidamente de sus pantalones y
camiseta, para hacer también lo mismo con los de Sungmin, recostándolo en el
sillón, admirando cada parte de su exquisito cuerpo desnudo, regresando con
toda la excitación de unos momentos atrás al ver cómo el erguido miembro de Sungmin
clamaba por atención.
Sungmin lo observó
ensalivar su mano derecha mientras con la otra le abría las piernas dejándolo
totalmente expuesto. Un dedo se coló por su estrecho pasaje, preparándolo para
lo que vendría después. Al contrario de lo que pensó, la invasión no fue
dolorosa y parte de eso tal vez se lo debía a que Heechul acariciaba su
extensión con toques tan delicados que creyó que se correría solamente de
sentir esa mano. Pero cuando tenía ya tres dedos dentro y aún la excitación iba
incrementando, algo de mayor tamaño comenzó a penetrarlo.
Heechul se enterraba
poco a poco en él, era increíble como esas paredes lo absorbían y le causaban
un infinito placer como nunca antes en su vida, apenas si era consciente de
donde estaba, toda su atención se centraba en solo sentir, en empujarse más
adentro, en llenarlo por completo cuando sintió que llegaba al límite. No
había sensación más embriagadora que soltar toda su esencia dentro de ese
pequeño pero candente cuerpo que lo aprisionaba tan deliciosamente, haciéndolo
soltar hasta la última gota de toda aquella locura. Mientras su mano se
manchaba con la esencia de su amante que había llegado también.
Cansados y sudorosos, se recostaron el uno al lado del otro,
acomodando sus cuerpos perfectamente en el pequeño sofá. Sus pechos subían y
bajaban a un acelerado ritmo y las sonrisas se negaban a abandonar sus rostros.
—Sunbae yo, quiero
decirte que, siento… — Heechul no lo dejó continuar con lo que iba a decir
callando sus labios con uno de sus dedos.
Estaba muy consciente
de lo que Sungmin sentía pero no quería recibir una confesión. Poner en
palabras eso que el pequeño estaba sintiendo le haría pensar en sus propios
sentimientos y eso era algo que Kim Heechul nunca hacía.
—No lo digas,
simplemente vamos a hacer esto el tiempo que así lo queramos ¿está bien? — y le
sonrió antes de moverse un poco buscando una posición más cómoda para
descansar.
Sungmin simplemente
lo dejó estar, quizá en un futuro podrían hablar de todos esos sentimientos,
mientras lo seguiría guardando muy dentro de sí y disfrutaría el tiempo cerca
de su sunbae.
.-.-.-.-.-.-.-.-.
Esto quedó como que demasiado largo xD normalmente mis oneshots no son tan así pero esta vez no lo pude evitar, simplemente escribia y escribia sin poder detenerme. Ah~ bendito sea el HeeMin kkkkkkk~
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