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HeeMin - Sweet Thing

24/05/2012
Título del fanfic: Sweet Thing. 
Parejas: HeeMin
Tipo: Boys Love  :)
Género: Romántico lemonsoso
Clasificación: NC-17 (sí, no creo que sea tan más de eso)

 
Sweet Thing

Lee Sungmin era un chico tierno y amable, dispuesto a ayudar a cualquiera y con una bella sonrisa que iluminaba todo el lugar donde estaba. Poseía unos preciosos ojos de color chocolate que destellaban como el sol.

Sungmin era estudiante de primer año en el conservatorio de música más prestigioso de Seúl, desde muy pequeño su vena artística se había dejado notar, mostrando gran interés en la música, aprendiendo prontamente a tocar el piano. A la tierna edad de 7 años podría interpretar con gran maestría las obras de Beethoven y Chopan. Además era el dueño una preciosa y melodiosa voz, que encantaba a todo oído que lo escuchaba, podía interpretar las melodías con tal dulzura que derretía el corazón de cualquiera.

Al poco tiempo de iniciadas las clases la mayoría de los alumnos conocían a ese pequeño chico que adoraba lucir su ropa en colores rosados y traer una paleta de caramelo sabor fresa entre sus bonitos labios en forma de corazón. Las chicas no paraban de acercarse; aunque solo unas pocos coqueteaban con él y  la mitad de los chicos lo veían con cierta envidia por su poder de atracción hacía la féminas y la otra mitad se debatían entre pedirle una cita.

Sungmin apenas era consciente de todo esto, su alma pura e inocente se dedicaba enteramente a lo que más le gustaba, tocar el piano, mejorar con la guitarra y tener una excelente desempeño vocal, por eso mismo fue que tampoco fue consciente de unos felinos ojos que lo observaron desde el primer momento en que puso un pie en el campus.

Kim Heechul era un estudiante de 7° semestre, el mejor de todos tocando la batería, algo que a muchos sorprendía pues su apariencia un tanto extravagante y a veces hasta femenina no pegaba mucho con los chicos roqueros que adoran las baterías y los sonidos estridentes del género rock. Pero así era Heechul, tan impredecible, un enigma que muchos intentaban resolver fracasando rotundamente en él intento.

Y es que como no querer estar cerca, Heechul era un potente imán que atraía absolutamente todo a su paso, su delicado rostro, su negro y ondeante cabello y el cuerpo perfecto lo convertían en la persona más deseada dentro del conservatorio, algo de lo que él estaba muy consciente y aprovechaba para sacar ventaja en todas las situaciones que se le presentaban. Bastaba con que señalara algo y lo tenía, con que dijera en voz alta un pequeño capricho y alguien lo cumplía, sus profesores se  maravillaban con el talento que poseía, creando música como si fuera tan sencillo como respirar y por eso siempre se ganaba el lugar de favorito que ni siquiera su irreverencia parecía una molestia.

Sus días en la escuela eran días gloriosos, siendo popular, siendo inteligente, siendo querido y respetado y entonces lo conoció.

En cuanto vio esos dulces ojos y escuchó esas vocecita tan tierna, supo que nunca había deseado algo con tanta intensidad como a ese chico de negros cabellos y como Kim Heechul siempre consigue lo que quiere desde ese momento nunca dejó de observarlo y maravillarse con cada cosa nueva que descubría en sobre él, haciendo que las ganas de poseerlo por completo se  incrementaran cada día. Ansiaba arrebatarle toda la inocencia que brotaba por cada parte de su cuerpo y ver ese rostro transformado por el placer al hacerlo completamente suyo y lo conseguiría a cualquier costo.

Y su gran oportunidad llegó con la primera fiesta que celebrarían en el conservatorio. A pesar de que hacía 2 meses que las clases habían iniciado, era considerada la fiesta de bienvenida para los nuevos alumnos.

Ese día Heechul vestía un impecable pantalón de lino negro ajustado a sus piernas, suecos azules y una camisa rosa que lo hacía lucir tan elegante y distinguido como los mejores modelos de las pasarelas parisinas. Era todo un espectáculo a la vista y robaba miradas de cada persona reunida en ese auditorio. Durante algunos minutos se dedicó a buscar a la personita que había sido el protagonista de sus fantasías hasta que lo encontró cerca de la mesa de comida, conversando alegremente con un chico de castaños cabellos que bien sabía se llamaba Kyuhyun y era poseedor de una de las mejores voces entre los estudiantes.

Argumentando que tenía hambre se movió hasta la mesa quedando muy cerca de ambos muchachos para poder escuchar un poco de su plática.

Y entonces llegó Yesung hyung, dejó una tortuga encima del piano que tocaba Ryeowook e interpretó una melodía que hizo que todo el mundo enmudeciera – el chico llamado Kyuhyun tenía una sonrisa traviesa mientras contaba la historia – y al terminar, agarró su tortuga y salió caminando mientras le hablaba, fue tan extraño – finalizó mientras se llevaba un bocado de su plato a la boca.

Una risilla escapó de los labios de Sungmin. Heechul observó que tenía los ojos resplandecientes observando a Kyuhyun y el otro le devolvía una mirada un tanto más perversa, tenía todo el deseo pintado en esas brillantes pupilas

Creo que Yesung sunbae de verdad adora a su tortuga  dijo Sungmin tomando algo de su pastel de fresa.

No tienes ni idea Sungmin  Kyuhyun dio un paso hacia él y tomó entre sus dedos un mechón de cabello cuando a uno le gusta algo hace todo por tenerlo cerca.

¡Kyuhyun-ah!  Heechul al ver las intensiones del castaño se acercó palmeándole la espalda  tanto tiempo sin verte ¿estás disfrutando la fiesta? Ya lo creo que sí, yo lo hago ¿y tú quién eres?  preguntó a Sungmin a pesar de que sabía con exactitud quien era.

¡Ah! Lee Sungmin, soy de primer año.

Mucho gusto Sungmin respondió Heechul con una encantadora sonrisa Kyuhyun-ah ¿por qué no vas por ahí a conseguirnos algo de beber? Yo aquí me quedo cuidando a Sungmin.

¿Y por qué no vas tú y te consigues tu propia bebida? Sungmin y yo estamos conversando replicó el otro con un tono bastante maleducado.

Seguro que ya habrá tiempo para hablar de Yesung y su boba tortuga, ahora ve y haz lo que tu hyung te dice.

Las filosas miradas de ambos jóvenes asustaron un poco a Sungmin por lo cual Kyuhyun decidió que sería mejor hacerle caso, dejándolos para ir a conseguir algo para beber. Heechul rápidamente tecleó algo en su celular antes de volver a hablarle al pelinegro.

—Y dime Sungmin ¿te gusta la escuela?

—Sí, desde pequeño fue mi sueño poder estar aquí. Me gustan mucho las clases y los maestros. Mis compañeros son muy amables conmigo y me ayudan, las chicas en particular siempre me regalan dulces —  decía mientras daba saltitos de felicidad, cuando de pronto recordó algo – tú no me dijiste cómo te llamas — dijo con una cálida sonrisa.

— Soy Kim Heechul, estoy en 7° semestre.

—Mucho gusto en conocerte Heechul sunbae — y la sonrisa se acrecentó.

—Oye ya que parece que Kyuhyun se encontró algo más que hacer — señaló hacía un punto del auditorio donde el nombrado era rodeado por varias chicas — ¿Qué te parece si tú y yo vamos a conseguirnos algo de beber?
Sungmin miró con algo de decepción a su anterior acompañante, Kyuhyun había sido de las primeras personas en presentarse con él y le inspiraba confianza, además de haberlo convencido de ir a la fiesta, por lo que creyó que estarían todo el tiempo juntos.

Bueno él debe estar con otras personas también, pensó siguiendo los pasos de Heechul, así él se daría tiempo para conocer más gente.

—Heechul sunbae ¿cuál es tu especialidad? — preguntó recibiendo la copa de vino tinto que el mayo le pasaba.

—Batería y canto principalmente, toco un poco el piano, la guitarra y el bajo. También he escrito algunas canciones, soy guapo, elegante y conozco de moda. Todo un estuche de monerías ¿no crees?
Sungmin lo observó componer una sonrisa satisfecha. Debía admitir que era bastante bien parecido, realmente hermoso y le causó un poco de gracia como se expresaba de él mismo y rió dando un trago a su bebida.

—Este vino está muy bueno, es de mis bebidas favoritas. He estado tratando de aprender sobre vinos, mi abuelo me enseñaba un poco cuando tenía más tiempo de ir a visitarlo — giró su copa, removiendo el líquido, para luego acercarla a sus labios y vaciar todo el contenido, lo cual le dio una idea a Heechul y sus ojos destellaron de maldad.

— ¿Quieres más? — Ofreció al pequeño de una de las botellas puestas sobre la mesa.
Sungmin feliz, acercó su copa y dejó que Heechul la llenara, oliendo el delicioso aroma antes de vaciarla de nuevo de un solo trago, beber vino era una de las cosas que más le gustaba y ese era en verdad sabroso.

—Vamos Sungmin toma más — Heechul se le acercó sirviéndole otro tanto en su copa — verás como disfrutas más la fiesta si sigues bebiendo algo que te gusta tanto — susurró muy cerca de su oído y al separarse para dejar que el más pequeño tomara observó cómo sus mejillas se llenaban de un exquisito rubor, provocando que sus deseos se volvieran más urgentes, dentro de poco ya no podría reprimirse más y atacaría cual tigre asechando a su presa.

Sungmin no supo cómo pasó, pero de pronto se encontró en medio de la pista de baile, moviéndose con total libertad, disfrutando de la música que inundaba sus oídos y del calorcito que la persona que rodeaba su cintura le brindaba y dejando de lado todo pensamiento colocó sus manos en el pecho de la persona frente a él.

Heechul no podía estar más feliz. Ese olor que emanaba de los sedosos cabellos de Sungmin lo estaba enloqueciendo y cuando sintió las pequeñas manos en su pecho supo que era el momento de hacer otro movimiento. Lentamente se fue caminando hacia un lugar apartado y solitario del auditorio, donde las luces multicolores poco iluminaban. Sungmin se recargaba ahora completamente sobre él y dejaba escapar risitas armoniosas sin motivo y se sujetaba más para no tambalearse tanto.

En ese momento en que Sungmin se movió un poco bruscamente enterrando la cara en el blanquecino cuello de Heechul y éste sintió su aliento chocando contra la piel, sus sentidos despertaron, moviendo las manos para posarlas por debajo de la playera que vestía el pequeño y por fin poder tocar la suave piel de su abdomen.

Sungmin dio un respingo al sentir las frías manos haciendo contacto.

—Sunbae… ¡ah! Sunbae me siento mareado — dijo buscando la mirada de Heechul.

Y esas mejillas, los ojos tiernos y los labios entreabiertos  exhalando su tibio aliento terminaron con el control que Heechul había estado teniendo desde que se le acercó y tomó con fuerza esos labios aprovechando que estaban abiertos para meter su lengua y poder saborear cada rincón aferrando con más fuerza la estrecha cintura cuando sintió que Sungmin correspondía a su apasionado beso.

Luego de que terminara y sintiera como Sungmin prácticamente se deshacía en sus brazos, observando nuevamente sus labios ahora más rojos, lo tomó de la mano y lo arrastró hacía la salida.

—Vámonos de aquí, es hora de hacerte mío.

Sungmin no replicó y solo se dedicó a seguir el pasó rápido del mayor, su cuerpo se sentía ligero y su mente estaba libre de todo raciocinio, hacía caso solo a sus instintos más primarios y las  manos de Heechul se sentían tan bien que quería seguir con eso un poco más, no importando a donde lo llevara.

Media hora después varias prendas adornaban el alfombrado piso de la habitación de Heechul y dos cuerpos se tocaban y reconocían sobre la cama. Heechul descubrió con agrado lo buen besador que era Sungmin, entrelazaban sus lenguas con tal pasión que era difícil distinguir la de cada uno, sus pequeñas manos daban caricias tan hábiles a la piel del mayor que todas sus terminaciones nerviosas eran estimuladas.

Heechul por su parte engullía los pezones rosados que se erguían cada vez más con cada roce de su lengua, recorriendo su espalda con la punta de sus dedos, tratando de ser delicado aunque no era su estilo y sintió su deseo crecer de nuevo al descubrir el tatuaje que Sungmin lucía en la parte baja de su espalda.

—Quien iba a creer que tendrías algo tan sexy aquí Minnie. Me excita  — susurró con la voz cargada de erotismo mientras mordisqueaba su quijada

De pronto el cuerpo entre sus brazos languideció haciendo que Heechul levantara una ceja y soltara una maldición al observar como su pequeño se encontraba plácidamente dormido. No fue algo que se esperara ahora que estaba tan “animado” pero lejos de molestarse una sonrisa burlona se instaló en sus labios.

—Te comeré poco a poco Sungmin. Esto no se quedará así, pronto te tendré de rodillas ante mí, dándome todo el placer del que hoy me privas.

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A la mañana siguiente un menudo cuerpo se removía entre una montaña de suaves cobijas. Desorientado Sungmin abrió lentamente los ojos, enfocando el lugar donde se encontraba y parándose de un salto aventando las sabanas al piso y descubriendo su torso desnudo. Su cabeza dio una punzada al tratar de recordar porque se encontraba en un lugar que no conocía.

Comenzó por recorrer el lugar, observando una habitación bien iluminada, las cortinas azules estaban anudadas a un lado de los grandes ventanales por donde se filtraba la luz solar. Las paredes estaban pintadas de un verde vivo y tenía bambús pintados en color negro y blanco que hacían un contraste perfecto entre los colores y le daban aun más vida al lugar. Un enorme closet cubría casi por completo una de las paredes, en la otra un espejo de cuerpo completo y dos puertas de las cuales suponía una era el baño.

Y no se equivocó cuando vio a Heechul salir con una toalla secando su cabello. Tenía también el torso desnudo y solo un ligero pantalón color gris lo cubría de la cintura para abajo.

—Yo… esto… Heechul sunbae ¿qué sucedió? — preguntó sintiendo como sus mejillas ardían.

Heechul caminó sentándose en la cama a su lado y dirigiendo uno de sus fríos dedos al dibujo en la piel del otro y lo delineó haciendo que se estremeciera ante la sensación, era como si su piel se incendiara a pesar de que el tacto era glaciar.

—Aún nada, pero no dudes que tarde o temprano sucederá —  se acercó para juntar sus labios superficialmente — debo salir, vete cuando quieras y no te olvides de cerrar. Nos veremos en el conservatorio.

Y salió llevando en la mano su ropa limpia, dejando a un perplejo Sungmin con la mirada clavada por la puerta donde había desaparecido su cuerpo.

Cuando Sungmin se supo completamente solo se llevó las manos a la cabeza.

¿Qué había hecho?

Aún se encontraba muy confundido y las imágenes que llegaban a su cabeza no le decían nada, pues solo recordaba estar en la fiesta bebiendo con su sunbae. Forzándose un poco más llegaron recuerdos de unos labios acariciando los suyos con tanta pasión que una sensación de vértigo se instaló en su estómago y automáticamente se llevó uno de sus dedos a sus labios.

Sí, se había besado con el sunbae que recién conoció ese día y lo había disfrutado.

Ahora que se estaba rumbo a su casa y todo lo sucedido la noche anterior se encontraba más claro en su mente, recordó también las caricias compartidas y como estuvo dispuesto a entregarse a un persona prácticamente desconocida. Pero recordó también como un líquido calientito le recorrió cada parte de su cuerpo cuando vio por primera vez a Heechul, algo dentro de él se había removido y cuando sus ojos se miraron sintió como si una bomba de colores le explotara por dentro.

Nunca en toda su vida le había pasado algo como eso, aún cuando todas las personas eran amables con él, ni uno solo había logrado despertar en él tantas sensaciones como ese sunbae en una sola noche. Y si bien estuvo borracho durante algún tiempo, el roce de labios que le regaló en la mañana le hizo creer que no fue nada más una sensación provocada por el alcohol en su sangre.

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Y después de eso, se encontró en una especie de relación pasional con su sunbae. Cuando se veían las chispas saltaban, las miradas que se dirigían eran tan intensas que las personas alrededor podían notarlo. Aprovechaban cada oportunidad que tenían para encerrarse en un aula desocupada, en el baño o en los jardines mientras nadie los viera para poder comerse a besos y regalarse caricias prohibidas, deteniéndose apenas con la respiración entrecortada. Había veces en las que él no deseaba parar, pero Heechul simplemente componía su sonrisa traviesa y lo dejaba argumentando que ya tendrían tiempo después.

Sungmin mentiría si no dijera que estar en esa situación no le era un poco incómodo. El siempre había sido un chico muy correcto en todo lo que hacía y ahora no solo se besaba y tocaba con alguien que no era su pareja, sino que también era un hombre. Pero sus momentos de arrepentimiento eran fácilmente opacados por las veces que tenía a su sunbae succionando su cuello y tocándolo su pecho.

Le encantaba también cómo parecía tener cierta obsesión por su tatuaje, sus manos siempre se paseaban acariciando el contorno.

— ¿Cómo fue que te hiciste esto? — preguntó siendo incapaz de detener su curiosidad.

—Hubo un momento en que sentí la necesidad de expresarme de esta manera, el símbolo y las letras ahí escritas representan una parte muy importante de mi vida y quise que quedara para siempre grabada en mi piel — contestó antes de volver a devorar sus labios.

El tema había quedado en esas simples palabras y Heechul se apresuró a corresponder sus besos con empeño.

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Poco tiempo después el deseo de Heechul alcanzó niveles insospechados que cada vez le era más difícil detenerse, aunque al principio él mismo se había obligado a parar para disfrutar de Sungmin con toda calma, ahora eso le parecía la idea más estúpida que jamás hubiera tenido. Ya no quería esperar más tiempo para poder poseer ese cuerpo que debió haber sido suyo desde el primer momento en que correspondió a sus besos teniendo plena consciencia de lo que hacía.

Por eso fue que le hizo la propuesta, así directa y sin más palabras que “ven a mi casa este viernes”. Un viernes que recordaría para toda la vida como el día en que conoció lo que de verdad era el placer.

Apenas abrió la puerta y vio a Sungmin ahí de pie, lo jaló de la playera para disfrutar de sus dulces labios. Llegaron a trompicones al sofá pues ninguno de los dos quería despegar sus labios de los del otro y pronto sus manos encontraron su camino hacia las zonas sensibles que habían descubierto a lo largo de sus furtivos encuentros.
Heechul encontró la manera de separarse de esos labios, para hacerle a entender a Sungmin lo deseaba, lo miró directamente a los ojos, le tomo una mano y la colocó sobre su entrepierna por encima de la tela que lo cubría. Sungmin abrió grandes los ojos y sus mejillas se colorearon al sentir el lugar que ahora tocaban.

— Ponte de rodillas y hazlo — la orden salió claramente de los labios de Heechul y aunque Sungmin lo dudo un poco, luego de observar un poco más la mirada ansiosa en los ojos del más alto, poco a poco se agachó.

Con algo más de rubor en su cara, acarició un poco la zona por sobre el pantalón hasta que sus manos temblorosas abrieron los botones y bajaron un poco la tela que cubría la piel. El ávido miembro de Heechul se asomó y entonces supo exactamente que debía hacer.

Con mucho cuidado dirigió su boca para dejar un pequeño beso en la punta, recorriendo después toda la extensión con cortos besos, mientras sus manos bajaban un poco más los pantalones y la ropa interior, descubriendo cada vez más porción de piel. Y entonces abrió su boca dejando  que su aliento acariciara primero, maravillándose con el jadeo que escapó de la boca de Heechul, por lo que prosiguió a introducirlo poco a poco, disfrutando de ese saborcito tan especial, chupándolo después como lo hacía con las paletas de caramelo que tanto le gustaban.

Heechul veía esos preciosos labios de corazón acariciando su caliente piel íntima, palpitando por la gran excitación que le causaba esa húmeda boquita rodeando su falo, endureciéndolo más, llevándolo al límite del placer, estremeciendo cada célula de su cuerpo, eso era muchísimo mejor de lo que había imaginado

Unas manos se enredaron en los cabellos de Sungmin haciendo que tomara un ritmo cada vez más rápido, desquiciando a Heechul que no atinaba más que a suspirar y jadear por el placer que esa boquita le estaba brindando, llegando rápidamente a un orgasmo tan intenso que explotó en la boca del más joven quien gustoso lo tomó todo antes de ponerse nuevamente de pie y juntar sus labios en un nuevo y anhelante beso.

Cuando se hubo recuperado un poco, Heechul se deshizo rápidamente de sus pantalones y camiseta, para hacer también lo mismo con los de Sungmin, recostándolo en el sillón, admirando cada parte de su exquisito cuerpo desnudo, regresando con toda la excitación de unos momentos atrás al ver cómo el erguido miembro de Sungmin clamaba por atención.

Sungmin lo observó ensalivar su mano derecha mientras con la otra le abría las piernas dejándolo totalmente expuesto. Un dedo se coló por su estrecho pasaje, preparándolo para lo que vendría después. Al contrario de lo que pensó, la invasión no fue dolorosa y parte de eso tal vez se lo debía a que Heechul acariciaba su extensión con toques tan delicados que creyó que se correría solamente de sentir esa mano. Pero cuando tenía ya tres dedos dentro y aún la excitación iba incrementando, algo de mayor tamaño comenzó a penetrarlo.

Heechul se enterraba poco a poco en él, era increíble como esas paredes lo absorbían y le causaban un infinito placer como nunca antes en su vida, apenas si era consciente de donde estaba, toda su atención se centraba en solo sentir, en empujarse más adentro, en llenarlo por completo cuando sintió que llegaba al límite. No había sensación más embriagadora que soltar toda su esencia dentro de ese pequeño pero candente cuerpo que lo aprisionaba tan deliciosamente, haciéndolo soltar hasta la última gota de toda aquella locura. Mientras su mano se manchaba con la esencia de su amante que había llegado también.

Cansados y sudorosos, se recostaron el uno al lado del otro, acomodando sus cuerpos perfectamente en el pequeño sofá. Sus pechos subían y bajaban a un acelerado ritmo y las sonrisas se negaban a abandonar sus rostros.

—Sunbae yo, quiero decirte que, siento… — Heechul no lo dejó continuar con lo que iba a decir callando sus labios con uno de sus dedos.

Estaba muy consciente de lo que Sungmin sentía pero no quería recibir una confesión. Poner en palabras eso que el pequeño estaba sintiendo le haría pensar en sus propios sentimientos y eso era algo que Kim Heechul nunca hacía.

—No lo digas, simplemente vamos a hacer esto el tiempo que así lo queramos ¿está bien? — y le sonrió antes de moverse un poco buscando una posición más cómoda para descansar.

Sungmin simplemente lo dejó estar, quizá en un futuro podrían hablar de todos esos sentimientos, mientras lo seguiría guardando muy dentro de sí y disfrutaría el tiempo cerca de su sunbae.


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Esto quedó como que demasiado largo xD normalmente mis oneshots no son tan así pero esta vez no lo pude evitar, simplemente escribia y escribia sin poder detenerme. Ah~ bendito sea el HeeMin kkkkkkk~

¿Comentarios?

HeeMin - Crazy Night

Título del fanfic: Crazy Night
Parejas: HeeMin & 2Min
Tipo: Boys Love!
Género: Ammm comedia (?) con un toquecito de romanticismo una muy pequeñita pisca de angst (muy muy muy pequeña realmente :)
Clasificación: NC-15 (no sé bien darle clasificación a esto)


Nota: Tanto este oneshot como Sweet Thing los escribí para un intercambio de regalos que se hizo en HaTo Family en los clubs de Heechul y Sungmin, ambas chicas a las que me tocó regalarles les encantaba el HeeMin. A mí me enloquecen juntos y fue la primera vez que escribí de ellos por lo que me decidí a compartirlos aquí :) 

Crazy Night

¿Qué hacía ahí?

Ciertamente ahora no se explicaba cómo fue que se dejó convencer por esos 2 dongsaengs. No era que él pensara que estaba en un mal lugar, pero dado que nunca se había definido como un homosexual en toda regla (aun tenía ciertas dudas al respecto), todo lo contrario de los dos pequeños (que por cierto eran pareja) que lo habían convencido de pasar una alocada noche entre luces que abarcaban toda la gama del arcoíris y música tan estridente que te hacía bailar aun sin tener ganas.

Y ahora recargado en la barra con su cosmopolitan a medio terminar se sentía tan intimidado y pequeño, como una diminuta manchita negra entre tanto color. Las plumas, las lentejuelas, pelucas, pestañas y tacones reinaban en el ambiente constituido solo por hombres que se sentían diosas por una noche. Los más atrevidos incluso iban con unos micro shorts que Sungmin más bien creyó que no era más que ropa interior modificada por aquel que la usaba para que tuvieran tanto brillo como fuera posible.

En otros lados de la pista, chicos aun  más atrevidos, vistiendo únicamente unos pedazos de tela que tapaban sus partes y unas botas de cuero dejaban que sus cuerpos se menearan al ritmo de la música siendo todo un espectáculo para aquellos sin pareja.

-¿Cómo es que pueden venir aquí? – gritó para que sus acompañantes lograran escucharlo – esto es una locura y muchos van prácticamente desnudos, se les nota todo el… - y la palabra no pudo salir de su boca pero sí un bonito rubor que se extendió por toda su cara al ver pasar un espécimen de esos tomado de la mano de otro con pantalones tan pegados al cuerpo que Sungmin estuvo seguro de que necesito un litro de aceite para poder metérselos y esperó verlo caer de un momento a otro, porque con eso simplemente era imposible que sus venas funcionaran correctamente.

-Vamos hyung disfruta la noche – dijo el más pequeño de todos – al principio a Minho y a mí también nos parecía muy extravagante, pero uno se acostumbra y resulta todo muy divertido.

El chico más alto asintió. Sungmin aun no creía como el serio Minho podía soportar estar en ese lugar. Trató de imaginarse cómo fue su primera vez ahí, pero fue algo que su mente no pudo formular. Ahora se veía tan cómodo, su mirada juguetona lo decía todo. A decir verdad ambos chicos se veían tan en confianza, aunque mucho de eso, Sungmin estaba seguro de ello, se debía a que podían sentirse en libertad de darse tantas muestras de cariño como quisieran sin tener que estar al pendiente de que alguien los mirara feo. Y lo pudo constatar cuando Minho sujeto delicadamente a Taemin de las caderas y le deposito varios besos en los labios tan dulcemente que lo hicieron suspirar.

Sungmin los miró con una gran sonrisa y esa fue de la manera en que por fin se relajó un poco, dejó la tensión en sus hombros y comenzó a disfrutar de todo ese mundo que recién se revelaba para él. De un trago vació el contenido de su vaso y hasta comenzó a bailar y bromear a voz alta con sus dongsaengs.

-Entonces hyung ¿esto te aclara más las dudas? – preguntó Taemin.

-¿Qué dudas? – Sungmin no entendía a que podrían referirse el pequeño.

-A sí te gustan los hombres y no las mujeres – contestó Minho – te trajimos aquí porque creímos que tal vez así podrías aclararte.

Sungmin los miró con una mueca incrédula. Sinceramente no creía que eso le ayudaría, estar ahí no era más que estar como en un universo alterno al que vivía y que bien podría adaptarse y disfrutar. Pero de eso a que le ayudara con sus dudas sobre su orientación sexual era un trecho muy largo entre una cosa y otra.

-La verdad es que no creo que esto me ayude. Pienso que será cuestión de conocer a alguien. Realmente no me importaría si fuera hombre o mujer, solo que me haga sentir cosas que nadie más, eso que ustedes sienten el uno por el otro.

Ambos dongsaeng sonrieron brillantemente, el mayor sabía que ambos estaban pensando en lo tierno que era, pues siempre se lo decían. Eso le causaba mucha gracia, Taemin era más pequeño y tenía una sonrisa tan transparente y unos gestos de verdad adorables. Por su parte el serio Minho, por más que tratara, su alma infantil siempre salía a relucir más cuando estaba al lado de su novio. Ambos habían sido pareja por más de dos años y Sungmin estaba feliz de que así fuera, se veían encantadores y destilaban amor por cada uno de sus poros.

En eso estaba cuando de pronto sintió una mirada que se clavó en él, unos fieros ojos lo veían desde el otro lado de la barra y una sonrisa de lado adornaba unos bellos labios rojos. Aquel chico tenía el cabello castaño y largo hasta los hombros, el flequillo abundante le tapaba la frente y llegaba encima de sus ojos de mirada intensa. Su nariz era perfecta, todo él era perfecto, demasiado hermoso como para ser de este mundo y Sungmin se asustó de sí mismo al darse cuenta que se le había quedado viendo con la boca abierta.

Un brillante rojo se instaló en sus mejillas y aunque no era notorio por las luces del lugar, el chico de mirada rapaz lo notó puesto que Sungmin se giró con violencia y agachó su cabeza. No sabía dónde meterse, su cara ardía y sus jóvenes amigos que lo notaron no dejaron de meterse con él para que les contara por qué de pronto se puso así. Trataba de encontrar una inocente mentira que decir cuando una figura se puso a su lado.

La figura le puso una mano en su hombro y Sungmin abrió los ojos tanto que sintió que se le saldrían de sus cuencas al darse cuenta que se trataba de aquel chico. El rubor volvió cuando lo miró de arriba abajo y se dio cuenta que tenía el cuerpo más hermoso que hubiera visto jamás. Era delgado y ligeramente curvilíneo, sus piernas eran torneadas, firmes y largas, su torso angosto y con unos hombros no muy anchos y sus brazos se veían delicados pero fuertes.

-¿Bailas? – le preguntó aquel ser, pero antes de que su cerebro siquiera pudiera formar una respuesta, el chico lo tomó de la mano y lo arrastró a la pista de baile.

En cuanto estuvieron justo en medio, Sungmin sintió unas manos que se enredaban en su cintura y lo pegaban al cuerpo de aquel ser sin nombre. Se dejó llevar por completo moviéndose al ritmo de la música entre esos brazos, pegándose cada vez más al chico de cabellos castaños que le regalaba sonrisas tan traviesas que lo impulsaban a portarse un poco más atrevido.

Casi sin darse cuenta le pasó los brazos por el cuello y lo estrechó un poco más. Su acompañante por su parte se le acercó hasta alcanzar su oído y susurrarle con una voz que a Sungmin le pareció de lo más sensual.

-Soy Heechul ¿y tú eres? – y antes de alejarse para verlo a los ojos en espera de una respuesta, su lengua traviesa dio una lamida a una sensible zona detrás del oído, provocando que Sungmin se estremeciera y sus rodillas comenzaran a temblar.

-Sungmin – contestó tratando de controlar el peso de su cuerpo.

El otro sonrió y nuevamente tomó por sorpresa a Sungmin al juntar sus labios violentamente en un beso tan inesperado que el más bajo solo pudo corresponder mandando al demonio su sentido común, porque nadie en su sano juicio besaría a un completo desconocido que solo dice tu nombre y sonríe como el más bello ángel de todo el paraíso, aunque hacer una comparación con un demonio hubiera sido más acertada, Sungmin no fue capaz de eso pues los demandantes labios del otro lo estaban desquiciando a tal grado de dejar de escuchar la música y únicamente enfocarse en las sensaciones que la boca ajena le estaba provocando.

-Es- espera… - logró articular Sungmin con la respiración tan agitada y su corazón latiendo tan violentamente que parecía que quería abrir un agujero en su pecho para salir corriendo.

-¿Qué? ¿No te gustó? – replicó el otro alzando una ceja.

-Es que… vas muy rápido.

-¿Y para que esperar?

Sungmin sintió como su boca fue violada nuevamente, quitándole todo el aire de sus pulmones, pero correspondiendo con la misma intensidad, pegando sus cuerpos totalmente. Sus sentidos se perdieron entre esos brazos y las manos que poco a poco lo empezaron a tocar, recorriendo desde su cuello, lo largo de su espalda y deteniéndose en sus caderas masajeándolas suavemente para después llegar hasta su trasero y dar un fuerte apretón que provocó que mordiera el labio inferior del castaño que terminaba con su cordura.

Cuando Sungmin pudo separarse un poco en busca de oxigeno, Heechul lo tomó de la cintura y encaminó a ambos hacia la pared más cercana impactó violentamente la espalda de Sungmin. El gritó que dejó escapar a causa del dolor murió entre los labios del más alto cuando demandó un nuevo beso que solo fue roto hasta que éste lo tomó de los muslos y lo levantó permitiéndole al pequeño que enredara las piernas en su cintura para impedir que resbalara por la pared.

Sungmin giró su cabeza dándole libre acceso a la exquisita piel de su cuello. Con cada lamida de esa hábil lengua su entrepierna daba respingos de excitación. Ese castaño lo estaba volviendo completamente loco, tanto para no importarle que estuvieran en un lugar público, quería que lo desnudara, que sus pieles se reconocieran y le diera tanto placer hasta hacerlo desfallecer. Nunca había deseado tanto que alguien lo poseyera y ese hombre del cual apenas sabía su nombre sacaba lo más perverso de su ser.

Durante unos breves instantes no hicieron otra cosa que observarse el uno al otro, cada detalle del rostro delicado de aquel chico se grababa como con un cincel en la mente de Sungmin y su corazón se agitó víctima de una sensación nueva y abrumadora a la que no supo darle nombre.

-Hora de la diversión – esas palabras fueron un detonante para que Sungmin dejara que el otro hiciera lo que quisiera con su cuerpo.

Heechul lo sujetó de la muñeca caminando hacia una parte específica del club que quedaba en un piso inferior a la pista de baile. Sungmin no tenía idea a donde iban pero había tomado una decisión, lo seguiría a donde fuera y deslizando su mano la abrió para poder entrelazar sus dedos y caminar así, muy cerquita de Heechul sintiendo su calor.

El lugar al que llegaron era un cuarto con una mortecina luz azul, las paredes estaban forradas de azulejos negros y se conformaban como si fuera un laberinto. Sungmin quedó con los ojos muy abiertos al observar cuerpos que se movían y restregaban unos contra otros sin pudor alguno. Casi todos aquellos hombres estaban completamente desnudos, disfrutando del placer que sus parejas les ofrecían, besándose y tocándose como si fuera la última noche de sus vidas.

-¿Qué es aquí? – preguntó un asustado Sungmin dirigiendo su vista al piso.

-Un lugar que jamás olvidarás – contestó Heechul al tiempo se que lanzaba sobre el cuello de Min y comenzaba a tocar su cuerpo con sus manos ansiosas.

Sungmin sintió como lo tomaba por las caderas y lo volteaba dejándolo de frente a una pared, en esa posición dejaba completamente expuesto su trasero y su espalda, algo que el otro aprovechó completamente para pegarse a él y acariciar sus costados. En ese instante miembro duro del más alto le golpeó la parte baja de la espalda y lo hizo arquearse un poco. Heechul le quitó la camiseta y pegó su pecho completamente a la espalda de Sungmin, mordiéndole el lóbulo y recorriendo su torso, disfrutando completamente de aquella piel.

Sungmin le dio la razón, él jamás olvidaría ese lugar y con ese último pensamiento se entregó completamente a las desbordantes sensaciones que Heechul le provocaba.

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Eran las 3 de la mañana y el frío era cada vez más insoportable. Taemin se acurrucó más entre los brazos de Minho, quien al mismo tiempo lo estrechó más contra sí, frotando su espalda para darle un poco más de calor. El club estaba a punto de cerrar, las luces y la música se habían apagado y ellos estaban afuera esperando ver a su hyung nuevamente para regresar a casa.

Durante el rato que se fue a bailar con el desconocido se mantuvieron observándolo, pero en un descuido ambos chicos habían desaparecido de la pista, por lo que supusieron que estarían por algún otro lado. Sin darle tanta importancia, a final de cuentas su hyung era prudente, decidieron darle espacio y ellos mismos se permitieron disfrutar de la noche.

Cuando Taemin ya estaba impacientándose pudieron distinguir a Sungmin saliendo del local con el cabello y las ropas revueltas. Sus mejillas tenían un ligero rubor y detrás de él venía un despreocupado castaño colocándose una bufanda alrededor del cuello.

Sungmin observó a sus dongsaeng y les hizo una seña para indicarles que lo esperaran, se volvió hacía Heechul dedicándole una cálida sonrisa.

-¿Te volveré a ver? – preguntó esperanzado.

-Nunca repito – replicó Heechul y le acarició levemente la mejilla – así es como funciona, solo una noche y se acabó. – y sin decir más se alejó a paso lento colocando sus manos en los bolsillos de sus pantalones.

Sungmin lo miró alejarse sin atreverse a hacer algo para impedirlo. Un gran vació se instaló en su estómago, como si le hubiesen quitado los intestinos y el frío le hizo tiritar. La única persona que le había hecho sentir esa gran pasión ahora se alejaba y él no hacía nada por detenerlo.

-Hyung ¿estás bien? – la vocecita de Taemin le llegó tan tenue que parecía que estuviera a metros de distancia – ¿Hyung? – esta vez lo tomó del hombro para agitarlo un poco.

-Él dijo que nunca repite. No fui nada más que su juguete – el aire le faltaba y su garganta dolía.

-Hyung, Kim Heechul siempre viene a este lugar – le dijo Minho – es muy conocido porque todo mundo desea acostarse con él, pero él simplemente baila y está solo la mayoría del tiempo, nunca lo habíamos visto acercarse a alguien como lo hizo contigo. Más bien a él lo buscan y tratan de sonsacarle un baile e invitarle las bebidas esperando que ocurra algo más.

-Y seguro una vez que lo satisfacen los vota así nada más, como lo acaba de hacer conmigo – estaba teniendo dificultades para hablar pues su garganta cada vez dolía más.

-No hyung, lo que digo es que él siempre está aquí. Aunque ahora mismo actuara de esa forma, nada te impide volver a buscarlo, si es algo que tú quieres.

Y Sungmin decidió que sí, que eso era lo que él quería. A pesar de que ahora mismo sus ojos se empañaran y las lágrimas le impidieran ver con claridad, definitivamente no se iba a dar por vencido cuando por fin lo encontró.


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Entonces... ¿muy malo? xD
No lo sé a veces es tan extraño no escribir de las parejas que uno acostumbra, que en mi caso solo es SiChul, y tegomass claro, pero como ven, aun me falta un capítulo de ese fic seriado y Rooftop Prince no me deja hacer otra cosa.